martes, 24 de marzo de 2015

Paren las prensas: hoy llovió

Antaño, era común que lloviera en Santiago. Ahora no. Por eso, la mala costumbre de abrigar tanto a los cabros chicos, como si unas pocas gotas en esta desertrificada capital fueran sinónimo de onda polar severa. Aunque quizás eso provenga de nuestra excesiva ansiedad y en creer todo lo que sale en la tele, material que tendrán que evaluar otros profesionales.

En parte, las crisis que generan las precipitaciones se deben a aspectos más pedestres de la vida. Pequeños topones por alcance, gracias al efecto de manejar atontadamente debido a las precipitaciones, en estos casos pueden multiplicarse por miles y alcanzar una validez estadística significativa. La historia pluviométrica capitalina provee cientos de anécdotas de este tipo que confabulan para crear material de notero con los que rellenar los matinales y sumirnos en la crisis de cada día.

Incluso ya no son tan frecuentes los carritos atravesando viejas por las avenidas grandes (las que tienen peatones: "arriba" nadie circula ofreciendo su cuerpo como carrocería, salvo en motos del precio de una casa). La forma de mostrar la catástrofe acuosa ya no cuenta con elementos visuales muy evidentes, y hay que recurrir a formas más sutiles.

Tormentas de verdad, equivalentes a un golpe de estado meteorológico, ya no las hay. Ausentes están aquellas imágenes de aluviones, autos cayendo al lecho del Mapocho o canales desbordados impidendo el funcionamiento de la ciudad. Los chanchullos de las boletas ideológicamente falsas se toman la pantalla y se amplifican a nivel extremo gracias a la viralización de las redes sociales. Los incendios del sur resultan más espectaculares, así como las llamaradas volcánicas. Incluso Meteorología anunció bastante tarde este núcleo frío, cuando los "salfates" del clima lo tenían previsto desde hace una semana.

Yo ruego a Santa Conchita de los Cráteres que este año sea el más lluvioso de los últimos siete, según aseguran ciertos profetas. Por último que las lluvias moderen las altas temperaturas políticas que no hemos sabido controlar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario