¿Qué posibilidades habría tenido nuestro país si, en vez de unirse en torno a sacar adelante la candidatura de Patricio Aylwin, no hubiese logrado una convergencia como la que posibilitó ese hecho histórico de la política chilena?
Imagino el año 1987, con una estrategia de las protestas populares que pese a ser cada vez más intensas y masivas queda sumida en el fracaso, al resurgir el carácter más represivo de la dictadura, cuyo contrapeso sería inexistente. Pese a ello, el dictador sabe que debe darle un barniz institucional a su régimen, por lo que termina de "legitimar" su Constitución de 1980, alterando los libros de historia, inculcando modelos apolíticos a los niños en los colegios. Todo ello sería posible si en medio de las divisiones el gobierno podía perpetuarse hasta 1998.
El dictador habría encontrado motivos para decir que había que combatir a quienes "destruyen Chile". Mientras más intensa la escalada de violencia, más intensa la respuesta militar en la calle. Y lo peor de todo es que probablemente aquella masa le habría comprado el argumento.
Quizás serían tiempos, aquellos de mediados de los '90, con un precario internet manejado al estilo de Corea del Norte, con férrea censura, sufrida también por la prensa en general. Funcionarios bien pagados para fiscalizar todo contenido, el surgimiento de una clase social basada en el aparato autoritario, como lo refleja la película Brazil de Terry Gilliam. Una sociedad "apolítica", ignorante, consumiendo los contenidos de la propaganda y dejando en el recuerdo de sus abuelos la educación cívica.
Un país más gris de lo que en realidad es. Sin siquiera algún rasgo de pujanza, casi idéntico a la estética fascistoide estalinista en reemplazo de algún atisbo de modernidad o desarrollo. Un país de una cultura precaria, alejado de la creación. Si incluso hoy es frecuente escuchar que este aspecto es algo inútil, predominando una (frustrante) visión exitista en la que Don Dinero dicta los rumbos.
Imagino, entonces, tantos críticos, generales después de la guerra, que con mucha facilidad y con toda la libertad del mundo (ojo cómo fue que se obtuvo esa libertad), se refieren hoy a Aylwin como un "traidor" o bien como el culpable de que en Chile hoy seamos víctimas del monstruo del neoliberalismo.
¿Quién en su sano juicio, cree que existe o existió alguien que pudiese haber llevado al país a la democracia y construirla en cuestión de días o meses en lo que su mente supone que debe ser un gobierno de ese tipo? Pensemos un poco: hoy es posible plantear una Asamblea Constituyente para delinear una nueva constitución política. ¿El Chile de 1990 lo permitía? Creo que poca gente piensa en esto antes de lanzar sus acusaciones.
¿Permitía el Chile de 1990 pasar a retiro a un comandante en jefe que tenía el poder de hacer "boinazos" y "ejercicios de enlace"? ¿Un país en el que ni siquiera se tenía la decencia de solicitarle al Presidente en ejercicio el inicio de la Parada Militar?
¿Cuántos argumentos para el fracaso de la democracia (una corta democracia) se habrían citado luego, si la termocefalia hubiese dominado cada intento de restituirle a Chile una imagen de plena democracia, algo por lo demás bastante subjetivo? Quizás hoy estaríamos buscando a los desaparecidos de quizás 30 años de dictadura.
La lucha contra el régimen militar (en realidad contra todo rasgo de autoritarismo) es una batalla de todos y que se libra permanentemente. Chile vive el flagelo de la delegación: todo es responsabilidad de otro. En tanto ese rasgo permanezca, nunca vamos a ser justos con quienes hicieron un esfuerzo mucho mayor que el nuestro por soñar una democracia y, poco a poco, comenzar a construirla, y es muy triste darse cuenta que aquel autoritarismo cruza fuerte pero sutilmente nuestra mentalidad, sin darnos cuenta muchas veces. La bravata en vez del diálogo. El bloqueo en vez de la negociación.
De verdad, es muy difícil construir Chile, y no me parece tan loco pensar que si hoy estuviésemos en dictadura, sería casi imposible encontrar acuerdos y generosidad para salir de ella. Quizás sólo sería cambiar una dictadura por otra disfrazada de revolución: el cambio de una elite a otra.
Nuestro país aún es más hijo de la imposición que del diálogo. Más hijo de Pinochet que de Aylwin.

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