Es cuático, pero desde hace unos cinco años se ha generalizado la idea de que nos autodefinimos por la tecnología que nos acompaña.
Nos pasó con el celular. Al principio andábamos orgullosos con un ladrillo pesado que podíamos usar un par de horas al día. Luego vino la moda de los teléfonos chicos, de esos con tapa que se rompía y que la gente utilizaba PARA HABLAR. Hoy los hay de variados tamaños, con un detalle: la marca y el modelo ahora generan pertenencia. Uno se siente parte de una tribu. Aunque sea un ignorante y tenga que pagar en cómodas 200 cuotas el iPhone 6, el usuario de un ¿teléfono? así se siente en la cresta de la ola. Que no digan que en realidad no les importa porque si así fuera usarían el celular que le regala la compañía a la abuela.
Lo cierto es que uno no escribe más lindo ni es más inteligente de acuerdo al gadget que se posea.
Como en la vida nada es suficiente en esta materia, ahora contamos con otras capas que diversifican esta tendencia. La primera es el de los gadgets diseñados para usos que antes gozaban del anonimato. El paracaidista decía que lo era, uno podía creerle o no. Ahora gracias a una weá que se llama GoPro, el paracaidista puede ganarse unos 500 "me gusta" en Facebook mostrando un video de una caída real. Es decir gracias a la cámara se hace real el oficio. El mercado no tarda en crear productos que compiten con este dispositivo, pero, por supuesto, aparece una nueva religión y estas alternativas sufren el escarnio público en cualquier conversación (antes se conversaba de otras cosas).
Gracias a la GoPro, ahora sabemos que nuestros amigos son además ciclistas, montañistas y si se pudiese astronautas.
Por cierto, en este caso nunca ocurre como con el famoso video del matrimonio, que se paga y se guarda para no ser visto por nadie más que los casados en un par de oportunidades. Viralización es la consigna ahora.
Otro curioso artilugio es el smart watch (y esta es la segunda tendencia). El nombre le queda grande, por que lo realmente inteligente sería que nos permitiese hacer en una hora lo que se hace en dos. Pero nos aporta información muy interesante: el ritmo cardíaco, la meteorología y si nos llegó un email. Además da la hora. Cabe destacar que ya es insufrible el nivel de notificaciones al que estamos expuestos. ¿Será necesario agregar otras más?
Para terminar, el fenómeno de las selfies (no da para tendencia). ¿Qué puede agregarse que no se haya dicho (o que sí se haya dicho). ¿En qué momento se puso interesante sacarse fotos uno mismo. Antes, asumíamos que quien hacía de fotógrafo no aparecía en la foto. Eso generaba a veces graciosos diálogos. Ahora salimos todos en las fotos, generalmente tratando de lo genial que lo estamos pasando (estas pueblan Facebook, y nos hacen pensar que hay gente que está siempre de vacaciones).
"Un fenómeno que llegó para quedarse". Sin embargo, en algún momento, me parece que se frenará, e iremos seleccionando sólo lo indispensable. Es muy necesario recuperar los conceptos y las ideas. Comunicar cualquier cosa está a la mano de todos, y quizás pronto lleguemos al punto de inflexión en el cual valoremos el contenido por sobre la oportunidad o la forma.

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